En 2004, para celebrar su regreso a competiciones europeas (Copa de la UEFA), el Athletic Club de Bilbao decidió romper con su tradición de rayas rojiblancas. En lugar de contratar a una marca deportiva tradicional (en ese momento fabricaban su propia ropa bajo la marca 110% Athletic), le encargaron el diseño al artista plástico bilbaíno Darío Urzay.

Urzay no diseñó una camiseta de fútbol convencional; creó una pieza de arte. Su idea era representar manchas de sangre y sudor, simbolizando el esfuerzo extremo de "dejarse la piel" en el campo. El diseño original era un patrón abstracto de formas orgánicas rojas sobre fondo blanco.
A nivel técnico y visual, lo que en el lienzo de Urzay parecía una obra profunda, en el poliéster y bajo las luces del estadio se veía totalmente distinto: Las manchas rojas no parecían sangre épica, sino salpicaduras accidentales. La prensa y la hinchada no tardaron ni 24 horas en bautizarla como la "camiseta ketchup". El Athletic es un club extremadamente tradicional. Romper el patrón de rayas verticales por algo tan caótico fue visto por muchos socios como una falta de respeto a la historia del club.

La camiseta tuvo una vida cortísima, lo que la convierte en una pieza de colección invaluable hoy en día: Se utilizó únicamente en un partido amistoso de pretemporada en Holanda contra el FC Groningen, Ante la oleada de críticas, burlas internacionales y el rechazo masivo de los "leones", el club decidió retirarla antes de empezar la competición oficial. Urzay, ante el malestar por cómo se trató su obra, llegó a pedir que se retirara su nombre de cualquier relación con el diseño.
Dato curioso: Hoy en día, una de estas camisetas originales puede costar más de 500 o 600 euros en el mercado de coleccionistas, demostrando que lo que ayer fue un error de diseño, hoy es un objeto de culto.
El caso de la "camiseta ketchup" del Athletic nos deja una lección vital para todos los que pasamos horas frente a Illustrator trazando patrones: el diseño de indumentaria no ocurre en el vacío.
A diferencia de un cuadro en una galería, una camiseta de fútbol vive en un ecosistema de sentimientos, tradición y funcionalidad. Darío Urzay cometió el error de tratar la tela como un lienzo estático y olvidó que, en el deporte, el diseño es un lenguaje que debe comunicar identidad a 50 metros de distancia y bajo el filtro de la pasión de miles de personas.